Una bloguera graba a sus vecinos teniendo sexo y luego lo cuelga en la red


9 febrero, 2017 Facebook Twitter LinkedIn Google+ noticias sexo barcelona


bloguera grava sexo

Hacemos referencia a una notica aparecida, en la cual un periodista, al final una bloguera, publica en su twitter, la grabación del “ruido”, que realizan sus vecinos cuando tienen sexo. Por lo visto Stacey Ritzen, grabó el ruido que hacía su vecina mientras mantenía sexo con su amante por lo visto un conductor de autobús escolar, que al dejar los niños, aparcaba el bus delante del edificio donde cohabitaban mujer apasionada y periodista.

En una situación como la anterior, se unen dos legitimidades, que pueden a su ver interferir la una con la otra.

Por un lado el derecho de la periodista de poder estar en su piso tranquila sin tener que escuchar ruidos excesivos de sus vecinos. También es cierto que si el amante era el conductor de autobuses,  que la visitaba en los tiempos libres de espera de recogida de los niños al colegio, los supuestos ruidos se producían en horas diurnas, donde la intensidad permitida del mismo es mucho más elevada que por la noche.

Y por el otro lado el derecho de las parejas a disfrutar del sexo como lo sientan y les guste, sin reprimirse en sus expresiones y pasiones al realizar el mismo.

El anterior no es un caso aislado, haciendo un pequeño repaso de mi cada vez más agotada memoria, rápidamente me devuelve esta 3 situaciones que en su momento me hicieron reír, y por que no pasar un rato entretenido.

La primera no la viví en persona pero me la explicó un compañero ya mayor de la facultad, que lo nombraron presidente de la escalera, y como primera tarea le encomendaron que fuera a hablar con unos nuevos vecinos que entraron de alquiler, pues los mismos cuando mantenían relaciones sexuales, la mujer empezaba a gritar como una posesa oyéndose por el patio de luces desde el primero donde residía la pareja hasta el décimo piso. Gritos que se oían incluso con ventanas y persianas cerradas. La verdad que aún me imagino la cara de mi compañero de facultad y la del vecino que le abrió la puerta, cuando le decía si podían bajar el volumen, no de la radio, sino de su mujer cuando estaban por la faena.

La segunda experiencia me surge cuando compro un piso, y al lado tenía unos vecinos más que antipáticos, que se quejaban por todos los ruidos que podíamos hacer, por lo visto hacía años que nadie vivía en el piso que compré y estaban acostumbrados al silencio. Lo que no sabían mis vecinos era que su niña, que debería tener 18 o 19 años, los fines de semana que sus padres acostumbraban a marchar, supongo que al apartamento o al pueblo, como la mayoría de familias españolas, la niña se ponía las botas “follando” . Aún recuerdo como golpeaba el cabezal de la cama contra la pared de nuestra habitación, no se si él o ella encima, o se alternaban, pero sus horas se pasaban. Nunca lo denuncié a mi simpática vecina, pero tentado estuve, aunque considero que los jóvenes se merecen tener sexo y no iba a fastidiar a la niña.

La tercera sucedió después de un excursión por Picos de Europa, cenamos en el hotel y decidimos irnos a dormir pues estábamos ambos cansados. La verdad no se respiraba ambiente sexual, así que a dormir. Sobre eso de la una de la madrugada, se empezaron a oír gritos de placer, tal era su intensidad que nos despertamos y no solo nosotros sino los de las habitaciones contiguas y los del piso superior donde se estaba realizando sexo apasionado. A muchos de los huéspedes se les escuchaba golpear las paredes para que terminara ya la sesión. Pero la verdad es que todo lo contrario a los demás a mí me pareció bastante excitante, así que empecé a buscar a mi pareja y terminamos haciendo sexo al ritmo de los vecinos del piso superior, y al ritmo de los que golpeaban la pared. Terminada la sesión a dormir de nuevo, pero lo sensacional es que a las 3 de la madrugada empezó de nuevo la sesión de sexo con griterío y creo que la mujer tenía que ser cantante y tener mucho hambre, pues no paraba de pedir más, más,… No pude tomármelo más que con risas, pues la situación era divertida, y entre risas y risas volvimos al ataque al ritmo de más, más… y golpes de nuevo en la pared del resto de huéspedes.  Una noche de se presagiaba de descanso y aburrida, terminó con mucho sexo y la verdad que muy divertida, por la mañana estábamos francamente cansados.

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